Significa buena muerte, Eu, que puede traducirse como “bien”, y Tanathos, que es
equivalente a “muerte”.
Acción que acelera la muerte de un paciente desahuciado con la intención de evitar
sufrimientos, el concepto está asociado a la muerte sin sufrimiento físico.
Se encuentra dos clases que son:
Eutanasia directa: Adelantar la hora de la muerte en
caso de una enfermedad incurable. Esta a su vez posee dos formas:
Activa: Consiste en provocar la muerte de
modo directo. Puede recurrirse a fármacos que en sobredosis generan efectos
mortíferos.
Pasiva: Se omite o se suspende el
tratamiento de un proceso nosológico determinado (por ejemplo una
bronconeumonía), o la alimentación por cualquier vía, con lo cual se precipita
el término de la vida. Es una muerte por omisión.
De acuerdo con Víctor Pérez Varela, «la eutanasia
pasiva puede revestir dos formas: la abstención terapéutica y la suspensión
terapéutica. En el primer caso no se inicia el tratamiento y en el segundo se
suspende el ya iniciado ya que se considera que más que prolongar el vivir,
prolonga el morir».
Debe resaltarse que en este tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento
al enfermo.
Eutanasia indirecta: Es la que se
verifica cuando se efectúan, con intención terapéutica, procedimientos que
pueden producir la muerte como efecto secundario. Por ejemplo, la
administración de analgésicos narcóticos para calmar los dolores. Los mismos,
como efecto indirecto y no buscado, provocan disminución del estado de
conciencia y posible abreviación del período de sobrevida. Aquí la intención,
sin duda, no es acortar la vida sino aliviar el sufrimiento, y lo otro es una
consecuencia previsible pero no perseguida. Entra así en lo que desde Tomás de Aquino se llama un problema de doble efecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario